sábado, 24 de marzo de 2012

CONSECUENCIAS DE LA REBELIÓN DE TÚPAC AMARU II


El saldo de la gran rebelión fue el más impactante en la historia de los levantamientos coloniales contra el Estado español. Más de cien mil muertos de una población de 1.2 millones de personas, provocó de inmediato un colapso demográfico en el sur andino. Hay que dejar en claro que gran parte de las bajas no se produjeron durante la rebelión sino en la represión posterior a la rebelión, que duró varios años.
Las medidas de la Corona para evitar que una rebelión de la envergadura de la de Túpac Amaru II  se repitiera fueron inmediatas. El ministro de Indias,  José de Gálvez, organizó una gran represión en contra de los parientes de los rebeldes así como de cualquier aliado de la rebelión, inclusive se aplicó “el quintado”, que consistió en ejecutar a cada quinto hombre en las aldeas donde se apoyó a Túpac Amaru II. Las penas contra los criollos fueron más leves, en un afán por reconciliar a la corona con dicho grupo social que ya estaba enemistado con el Estado español desde las reformas borbónicas.
Una serie de medidas fueron implementadas para erradicar lo que se había percibido como un nacionalismo Inca. En 1787 se abolió el cargo hereditario de curaca,  se prohibió el uso de la vestimenta real incaica, la exhibición de toda pintura o iconografía de los Incas, el uso de símbolos precoloniales, la enseñanza del quechua en la universidad de San Marcos, la lectura de las obras del cronista mestizo Inca Garcilaso de la Vega e inclusive se prohibió mencionar el nombre Túpac Amaru.
Otras medidas fueron destinadas en mejorar la administración colonial y apaciguar los ánimos de las poblaciones del sur andino. En 1784 se abolió el reparto de mercaderías y los corregimientos fueron reorganizados en Intendencias, quedando el cargo de corregidor totalmente eliminado. Asimismo, la Corona desplegó tropas regulares en diversas provincias andinas, asumiendo un papel de control social del orden interno. En 1787 se estableció una Audiencia en el Cusco que sería mucho más receptiva de las demandas locales.
A largo plazo, estas acciones perjudicaron principalmente a élite incaica, al ser despojada de sus fueros y privilegios. Es decir el sector que había logrado comunicarse mejor con los mestizos y los criollos,  recogiendo las demandas e intereses de los indígenas fue desapareciendo paulatinamente no sin antes ofrecer resistencia en interminables litigios que no pudieron detener la debacle de los curacas. Así con el paso de los años todos los pobladores andinos pasaron a ser indios sin distinción, aumentando su sentimiento de desprecio y humillaciones a medida que sus derechos eran socavados cada vez más. Mientras tanto los criollos percibieron el peligro que significaba aliarse y movilizar a contingentes indígenas para realizar sus propios pedidos y reclamos. Este sentimiento de amenaza de los criollos y españoles ante las masas indígenas tuvo consecuencias hasta después de la independencia del Perú y ayudó a configurar de manera negativa la concepción que la nueva república peruana tendría de los indios, marginándolos totalmente  de sus planes políticos.
Si bien la imagen de Túpac Amaru II fue revitalizada desde el indigenismo de los años veinte ("Oncenio" de Leguía) y luego con fines políticos en la década de 1970 (gobierno militar del general Juan Velasco Alvarado),las últimas investigaciones han dado nuevas luces sobre el levantamiento de José Gabriel Condorcanqui y luego de la “idealización” sufrida por el cacique de Tungasuca, Surimana y Pampamarca que inclusive llegó al cine peruano, se puede afirmar que si bien la rebelión tuvo una gran envergadura y sus consecuencias fueron las más importantes de todos los levantamientos del penúltimo siglo colonial ( siglo XIX), lejos está Túpac Amaru II de ser un luchador social por su pueblo y precursor de la independencia bajo una conciencia nacionalista.
Durante el gobierno militar del general Juan Velasco Alvarado (1968-1975), este utilizó la imagen de Túpac Amaru II para legitimar su poder, dando a entender al pueblo peruano que su gobierno era la continuación de las propuestas "nacionalistas" del líder indígena.   


domingo, 18 de marzo de 2012

¿CÓMO MURIÓ REALMENTE TÚPAC AMARU II?


Taytachay, Amarúy…mana qonqana, wiñay Amarúy”
(“Mi padrecito, mi Amarö…mi eterno e inolvidable Amarö”)
José María Arguedas.

Hace muchos años atrás, al ingresar al baño de Sociales en la Pontificia Universidad Católica del Perú observe un graffiti en la pared que decía:

”VAMOS POR PARTES”
(Autor: Túpac Amaru II)

Aún recuerdo que sonreí por la graciosa creación intelectual, pero años después ya inmerso  en el mundo de la docencia me di cuenta con bastante preocupación que la mayoría de alumnos en el Perú creían como una verdad absoluta que Túpac Amaru II había muerto descuartizado  por cuatro caballos, este motivo y no otro me ha llevado a escribir hoy sobre la forma en que realmente murió este personaje de la historia peruana.
"Lo pondrán de cabeza. Arrancarán sus deseos, sus dientes y sus gritos. Lo patearán a toda furia . Luego lo sangrarán: !y no podrán matarlo¡. (Alejandro Romualdo:Fragmento de Canto coral a Túpac Amaru que es libertad).

El día viernes 18 de mayo de 1781, a la hora de la Misa Mayor, fue ejecutado por las autoridades españolas el líder indio José Gabriel Condorcanqui autodenominado Túpac Amaru II porque según él descendía por línea paterna de Juana Pilcowaco, hija de Túpac Amaru, el último de los Incas de Vilcabamba , ajusticiado por el virrey Francisco de Toledo en 1572.
La ejecución del cacique de Tungasuca, Surimana y Pampamarca se produjo en la plaza de Wacaypata, la antigua plaza del Pregón de los Incas. Antes que le llegue su turno, Túpac Amaru II y tal como señalaba la sentencia fue obligado a presenciar la tortura y asesinato de sus aliados y amigos, de su hijo mayor y de su esposa, la zamba Micaela Bastidas Puyucahua. Un día antes, el 17 de mayo a las 9 de la mañana, el visitador Areche había ordenado  el ahorcamiento de  José Amaro, Miguel Ancco, Miguel Meza, Pedro Mendigure, Ramón Ponce, Francisco Torres, Gregorio Enríquez, Pedro Mamani e Isidoro Puma. El día 18, José Gabriel fue mudo testigo  como a Diego Berdejo, Vicente Castelu y Antonio  Bastidas los ahorcaban en forma simple, arrojándolos de lo alto de una escalera, vió como al ex esclavo negro Oblitas, verdugo del odiado corregidor Arriaga, se le arrastraba con una soga hecha de esparto al cuello antes de ahorcarlo y como su cuerpo inerte fue descuartizado. A la cacica de Acos, Tomasa Tito Condemayta la vio morir agarrotada sobre un tabladillo dispuesto con un torno de hierro. Fue testigo también del ajusticiamiento de su anciano tío don Francisco y de su hijo mayor Hipólito Túpac Amaru a quienes antes de ahorcarlos les cortaron previamente la lengua. Cuando su mujer Micaela Bastidas subió al tablado su dolor debió ser eterno, como cuando vio morir a su hijo, pues se dice que no hay peor dolor para un padre que ver morir a su hijo. Se dice que la ejecución de Micaela fue insufrible, pues debía morir con la pena del garrote vil u horca manual, pero teniendo el cuello muy delgado, el torno no logró ahorcarla. ”Para acelerar su ejecución fue necesario echarle lazos al cuello, tirando los verdugos de ambos extremos. Como esto fuera todavía insuficiente, haciendo honor a su profesión, los verdugos la remataron dándole de patadas en el estomago y los senos hasta que expiró”.(Carlos Daniel Valcárcel: La rebelión de Túpac Amaru). Ya muerta Micaela, el verdugo para completar la escena de horror, le cortó la lengua. Presidía la “función” el visitador José Antonio de Areche, el mismo que en su prisión había tratado de convencerlo para que delatase a sus aliados consiguiendo como respuesta del jefe indio:” aquí no hay más cómplices que tu y yo; tu por opresor, y yo, por haber querido liberar a mi pueblo de semejante tiranía, ambos merecemos la muerte”.
Conducido al patíbulo, su aniquilamiento físico era evidente, producto de los tormentos,  de las torturas a las cuales se les había sometido en su prisión. Valcárcel dice: “Con repetidos tormentos sus verdugos llegaron a quebrarle un brazo”. Ya en el patíbulo los verdugos le abrieron la boca y le cortaron la lengua. Le quitaron grilletes y esposas y arrojado al suelo, lo colocaron con la cara hacia el firmamento. Cuatro caballos cabalgados por mestizos fueron acercados. Sendos lazos sujetaron las extremidades del reo a las cinchas de los cuadrúpedos. Terminados los preparativos se dio una señal, partiendo los jinetes hacia los cuatro puntos cardinales, espectáculo que como dice un testigo anónimo”…jamás se había visto en esta ciudad”. Increíblemente los encabalgados no pudieron avanzar más allá de la extensión de sus lazos, porque la fortaleza física, aunque diezmada, de José Gabriel resistió victoriosamente el sacrílego intento de fragmentarlo. Por breves instantes Túpac Amaru se batió en el aire cual si fuera una araña gigantesca. Su pequeño hijo Fernando, agobiado por aquel cruelísimo trance, emitió un grito tan lleno de angustia que ha quedado grabado en la historia como una elocuente protesta de tan salvaje ejecución. Un testigo anónimo dice: “Este día concurrió un crecido número de gente, de que entre tanto concurso no se veían indios, a lo menos en el traje mismo que ellos usan y si hubo algunos estarían disfrazados con capas o ponchos” . Al ver el visitador Areche la excesiva demora en la ejecución del reo, acaso “movido por la compasión”, ordenó decapitarlo. El Inca fue conducido al pie de la horca y descuartizado. Su cabeza se envió a Tinta .Los brazos: uno a Tungasuca y el otro a Carabaya. Las piernas: una a Santa Rosa ( actual provincia de Melgar, Puno),y la otra a Livitaca (actual provincia de Chumbivilcas en el Cusco). Los cuerpos de Túpac Amaru-privado de la cabeza y extremidades-y de doña Micaela Bastidas-conservando la cabeza y una pierna-fueron conducidos al cerro de Picchu para ser quemados y sus cenizas arrojadas al aire y al río Chunchullmayo afluente del río Huatanay. Como corolario final, el visitador Areche mandó poner en aquel lugar una lápida recordatoria. Los miembros de los otros reos fueron en parte distribuidos en diversos pueblos, como ejemplar sanción y “eterna memoria de los delitos nunca vistos ni oídos en otros reinos”. Por ejemplo, los brazos de Micaela Bastidas fueron enviados a Tungasuca y Arequipa y una pierna a Carabaya, la cabeza de Tomasa Tito Condemayta fue enviada al pueblo de Acos, donde ella había sido cacica. Por último se recomendó que la descendencia de Túpac Amaru sea extinguida hasta el cuarto grado de parentesco.
Esta imagen se acerca más a la forma  como murió Túpac Amaru II, el 18 de mayo de 1781 en la plaza de Armas del Cusco.

Dedicado a Naomi Díaz Lara


sábado, 17 de marzo de 2012

REBELIÓN DE JUAN SANTOS ATAHUALPA APU INCA HUAYNA CÁPAC (1742-1752)


Orígenes
Nadie a ciencia cierta sabe si Juan Santos Atahualpa era indio o mestizo, lo que si está demostrado es que era quechuahablante, pues cuando el virrey Superunda envió a dos jesuitas para entrevistarlo con el engaño de que habían sido enviados por el Papa, estos informaron que el líder hablaba “quichua”. Se dice que hablaba también el castellano, el latín y varios dialectos selváticos. Su vida es un misterio, parece ser que nació en 1712, no se sabe si en el Cusco, Huamanga o Cajamarca, aunque Amich dice que era cusqueño y sirviente de algún jesuita. Él estudió o trabajó en el colegio San Francisco de Borja del Cusco, colegio administrado por los jesuitas para curacas y sus descendientes de Cusco, Huamanga y Arequipa. Precisamente esta cercana relación con los jesuitas le permitió viajar a España, África (Angola), Inglaterra, Francia e Italia. Incluso sus más osados investigadores como Francisco Loayza dicen que la rebelión estaba relacionada con el apoyo de los ingleses, pues en el año en que esta se inició, fueron vistas en las costas del virreinato peruano cinco naves del vicealmirante inglés Jorge Anson.
"Un día llegó al Gran Pajonal , un quechua del Cusco que decía ser el Inca Atahualpa.Venía vestido de rojo y acompañado de un apostol llamado Bisabequi" (historiador: Pablo Macera)

Prédica y accionar
Es muy probable que la predica del rebelde se haya iniciado entre 1729 y 1730, declarando su voluntad de restaurar el reino de los Incas. “El año de 1729 y 1730 vino Juan Santos Atahuallpa corriendo toda la sierra, desde el Cuzco hasta Cajamarca, reuniendo a todos los caciques, que venía a restaurar su reino del poder de los españoles. Posteriormente llegó hasta la montaña y la ceja de la sierra con los indios infieles”.(Francisco Loayza A. “Juan Santos, el invencible”,1942).Por aquellos tiempos fue capturado y enviado a “la Piedra”, por el virrey Castelfuerte, pero poco después, se fugó y se internó en la selva, llegando a territorios de los campas o asháninkas guiado por Bisabequi un curaca piro, radicándose en Simaqui-Quisopango(Pangoa), un territorio fuera del control político-militar español y de los misioneros franciscanos. Gracias a su alianza con curacas o caciques como Mateo de Asia, la prédica anticolonial de Juan alcanzó la zona conocida como “el Gran Pajonal”, en la selva central, en los valles de Chanchamayo, Perene, Ene, Pangoa y el Alto Ucayali, hábitat geográfico de grupos selváticos o “chunchos” como: piros, conibos, amueshas, yaneshas, asháninkas y grupos no selváticos como misioneros, terratenientes blancos, sirvientes, trabajadores mestizos,  y negros esclavos, cuya presencia se debía a que la selva central era una zona de constante intercambio de productos y de personas, principalmente coca, madera, sal, algodón y otros productos valiosos. Además de estos grupos, hubo otro contingente de disidentes, provenientes principalmente de la sierra, aunque no exclusivamente indios, que encontraron en la selva central una zona de refugio ideal para esconderse de las autoridades. En esta zona llamada “el Gran Pajonal”, perteneciente a la jurisdicción de Tarma y que comprendía en términos modernos la selva de los actuales departamentos de Huánuco, Junín, Pasco y Ayacucho, los franciscanos dedicados a evangelizar a las etnias selváticas habían logrado establecer unas 32 misiones de trescientos habitantes cada una: en total unas nueve mil personas.                                       
Sobre el programa político del rebelde, quien decía ser descendiente de los últimos Incas, mucho se ha escrito,  algunas fuentes sostienen que Juan Santos proponía el retorno al Imperio de los Incas, pero sin dejar por completo algunos rasgos ya interiorizados por la población, como el cristianismo. Planteaba se dice, un mundo de selváticos libres y cristianos, pero sin blancos y negros. Esto último es difícil de sostener pues uno de los líderes rebeldes, llamado Antonio Gática era africano y estaba casado con una mujer asháninka. Además el sacerdote franciscano que al igual que los jesuitas logró también parlamentar con Juan, dice haber visto grupos de blancos acompañando a los rebeldes. Las nuevas investigaciones precisan el carácter marcadamente multiétnico de la rebelión, aunque con preponderancia de los grupos selváticos.
En el año de 1742, los rebeldes dan inicio a su rebelión destruyendo más de 25 misiones o reducciones establecidos por los misioneros franciscanos del Convento de Ocopa, pues para ellos las misiones no sólo significaban maltratos y reglas rígidas sino también el sometimiento a trabajos forzados en haciendas, obrajes, panaderías y la mita de la sal (ya que en esta región se había descubierto grandes depósitos de sal, el historiador Orrego Penagos sostiene que uno de los móviles de esta rebelión fue la disputa por el control de la sal entre los grupos selváticos y los franciscanos); explotación de la cual se querían liberar. Otro factor de descontento fueron las enfermedades llevadas inconscientemente por los misioneros y que diezmaban a los selváticos. Los franciscanos en su intento de borrar el evidente carácter antifranciscano de la rebelión argumentaban que los selváticos estaban contentos con ellos, y que el alzamiento “chuncho” había sido provocado por el rebelde, sus allegados y chunchos, quienes querían verlo coronado en Lima.
Es interesante observar que le grupo selvático que más apoyó a Juan Santos, fue el grupo amuesha, cuyo centro ceremonial se encontraba en al localidad de Metraro, y quienes ejercían de modo exclusivo el control sobre la sal que los demás grupos de la zona necesitaban.
Enterado el virrey Antonio de Mendoza Caamaño y Sotomayor,  ”Marqués de Villagarcía” (1736-1745) de la rebelión, ordenó operaciones para apresar al rebelde:
Primera campaña (1742): El gobernador Benito de Troncoso comandando un grupo de realistas se dirigió de Jauja hasta Quisopango (set. 1742-oct. 1742), mientras que Pedro Milla se dirigía desde Tarma hasta Nijandaris (set. 1742-nov.1742).Troncoso estableció su cuartel general en Sonomoro, mientras Juan Santos iniciaba una ofensiva sobre Eneno. El 17 de setiembre de 1742 las tropas de Milla son cercadas sorpresivamente y liquidados por los rebeldes a inmediaciones del río la Sal, mientras que Troncoso que contó con el apoyo del curaca de Sonomoro (Bartolomé Quintimari) derrotó el 9 de octubre de 1742 a las tropas del curaca Santabangori en Quisopango (cuartel general de los rebeldes). Ante la falta de información del ejército de Milla y temeroso de que Juan Santos retorne de Eneno a Quisopango, Troncoso se regresó a Sonomoro y luego retrocedió a Jauja.

Segunda campaña (1743-1744): A fines de 1743, el rebelde decidió atacar “Quimiri”, lugar donde los españoles habían levantado un fuerte dejando en el mando al capitán Fabricio Bartolí. Juan Santos le propuso a Bartolí la rendición, pero al negarse, atacó el fuerte matando a sus defensores (1° de enero de 1744). Las tropas de Troncoso (300 españoles) salieron de Tarma, pero no pudieron reforzar a los sitiados pues los rebeldes habían cortado todos los puentes que permitían el acceso al fuerte, retornando desde Chanchamayo a Tarma. El fracaso de la ofensiva realista obligó al rey español al reemplazo del virrey Marqués de Villagarcía por el  virrey Antonio Manso de Velasco(1745-1761), llamado después Conde de Superunda ( “Conde sobre las olas”) por el terremoto y tsunami que afectó Callao y Lima en 1746.

Tercera campaña (marzo de1746): En una campaña proselitista Juan Santos abandona Quimiri y se dirige a Monobamba, dejando a sus tropas en el camino para a través de emboscadas, golpes de mano y un mejor conocimiento del terreno, pudieran diezmar a los realistas. Las tropas realistas enviadas por el virrey Manso de Velasco (veterano de la guerra de indios en Chile), al mando de José de Llamas, cuyo objetivo era retomar Quimiri, se enfrentaron con los rebeldes en el combate de Cerro la Sal, mientras que las tropas de Benito Troncoso se enfrentaban a otro grupo rebelde en Nijandaris.

Cuarta campaña (verano de 1750): Debido al fracaso de las expediciones militares, el gobierno virreinal envió al franciscano fray Otanza para negociar con el rebelde y al cual hasta se le dio permiso para evangelizar, pero luego lo expulsaron por su proselitismo antirebelde. Entonces los españoles deciden organizar una nueva campaña militar al mando del general José de Llamas teniendo como base de operaciones Jauja y Tarma. En el verano de 1750 los españoles logran recuperar Quimiri, mientras que el capitán realista Espinal ocupa la región de Eneno. Ya por entonces Juan Santos se había replegado atacando a los españoles en su eje de avanzada. Agobiados por las enfermedades, la falta de abastecimientos y el hostigamiento de los naturales, los expedicionarios luego de sufrir muchas bajas se regresaron a Jauja.

Contraofensiva de Juan Santos Atahualpa (1751-1752): El rebelde ocupa Quisopango y ordena una ofensiva militar para capturar Sonomoro o Pangor (reducto realista), que luego de capturarla la convierte en su cuartel general. En 1752 (¿agosto?), el caudillo inicia una incursión sobre Andamarca, pero al enterarse de la cercanía de tropas virreinales salidas de Jauja se replegó hasta Sonomoro. Con esta acción ofensiva de Andamarca dicen los historiadores concluyó la contraofensiva del caudillo. En 1756 un destacamento realista al mando de Pablo Sáenz de Bustamante penetró en Quimiri, pero ya entonces  no se tenían noticias del rebelde, optando los españoles por una nueva estrategia defensiva consistente en convertir a Jauja y a Tarma en bastiones militares para evitar que el movimiento influyera en una zona articulada con la capital y comprometiese el abastecimiento de alimentos a Lima.
Una de las primeras medidas de los rebeldes liderados por Juan Santos Atahualpa fue expulsar a los franciscanos de la selva central.

¿Qué pasó con Juan Santos Atahualpa?
La misteriosa desaparición de Juan Santos después de 1752 provocó una serie de rumores populares acerca de una inminente liberación o de una invasión  suya al corazón del poder colonial. En Cajamarca en 1753 y en la sierra central en 1756 se difundieron informaciones de la llegada del rebelde y de comunicaciones secretas entre las comunidades y la rebelión. Sin embargo, nunca se volvió a ver a Juan Santos. Aunque algunos dicen que fue envenenado o que murió de vejez, lo concreto parece ser que después de la toma de Andamarca, el movimiento se diluyó muriendo el jefe rebelde en un enfrentamiento contra un curaca local en Metraro, alrededor de 1756.

Objetivo y balance del levantamiento
Aunque la historia tradicional presenta la rebelión de Juan Santos como una rebelión milenarista(en su propuesta de cambio del cosmos) y mesiánica(el líder como salvador mítico y reorganizador del mundo), los últimos trabajos sobre el tema señalan un movimiento político insurreccional que optó por una lucha armada orientada fundamentalmente a la defensa de la selva como espacio económico y político que a la extensión del movimiento a otros espacios geográficos como las partes altas de la sierra. Santa María dice que el objetivo histórico de la rebelión fue liberar a las masas selváticas del yugo de las reducciones obligados por los franciscanos (entrega de fuerza de trabajo), de los repartos de mercadería inservible por parte de los corregidores y de la cobranza de tributos. El mismo autor aceptando el carácter multiétnico de la rebelión sostiene que la adhesión de los grupos no selváticos(blancos, mestizos y en menor medida negros), fue porque estos estaban convencidos que la autonomía política regional de dicha área crearía bases más seguras para una integración económica con el sistema mercantilista colonial, pues los rebeldes de una u otra clase conocían bien el antiguo y extendido comercio con pueblos andinos o españoles de la sierra, como era el caso del comercio de las hojas de coca.
Entendemos que el movimiento no fracasó,  pues militarmente aplicó una estrategia adecuada para el terreno del monte: la guerra de guerrillas, y la toma efímera de algunas ciudades. Las tropas realistas, vistas hasta ese momento como invencibles, no pudieron derrotar a los rebeldes. Esto causó alarma en la administración virreinal como lo demuestra la militarización de Jauja y Tarma, estrategia militar defensiva realista que lo único que buscaba era evitar la expansión del movimiento. Lo cierto es que las repercusiones del movimiento fueron muchas más amplias que sus victorias militares. Políticamente la rebelión también fue exitosa, pues a pesar de que un grupo de historiadores sostiene que fracasó porque no se extendió y articuló a la sierra donde existían grupos sociales explotados por el régimen colonial, el objetivo de la rebelión no era ese, sino crear una zona geográfica, política y económica libre del control estatal español, objetivo que se logró, pues hasta muchas décadas después dicho territorio no pudo ser controlado por los gobiernos de turno, estableciéndose a lo mucho,  pequeños grupos de colonos foráneos.


Dedicado a Gabriela Okumura Hosaka

lunes, 27 de febrero de 2012

¿QUIENES ERAN LOS MITIMAES?


Fueron los Incas, los que llevaron el sistema de “mitimaes” a su máxima expresión, pues a pesar que  cronistas españoles como Sarmiento de Gamboa,  quien sostenía que Pachacutec creó dicho sistema o Cieza de León quien afirmaba que el sistema lo creó Inca Yupanqui, el origen de los mitimaes fue preinca. La sociedad altiplánica denominada Pukara, antecesora de los Tiahuanaco en la cuenca norte del Titicaca, parece haber sido la primera en poseer “colonias” en diversos pisos altitudinales o medioambientes para tener acceso a recursos como: maíz, coca, frutas, ají, pescado de mar, minerales, etc.; que no podían obtener en su núcleo geográfico, vale decir en la puna o fría región altiplánica. Estas colonias estaban bajo el control de “los mitimaes”, grupos humanos más o menos numerosos, integrados por familias y jefes étnicos subalternos, los que con sus ganados, armas, herramientas y semillas habían sido transplantados a estas colonias. A pesar de que las colonias se encontraban “más o menos” distantes de su núcleo de origen, “los mitimaes" o “mitmaqs” palabra quechua que en el Vocabulario Quechua de Gonzales Holguín (Lima, 1608) se traduce como “hombre advenedizo” o “avecindado en un lugar que no es el suyo”, mantenían sus vínculos de reciprocidad y de parentesco con su etnia, pudiendo reclamar sus derechos con respecto a la etnia al momento de retornar a la misma, pues el sistema de mitimaes era temporal. Por ello los mitimaes no podían cambiar sus costumbres ancestrales, sus vestidos, ni los tocados de sus pueblos nativos para que sus autoridades los pudieran reconocer y diferenciar rápidamente de los lugareños.
Con la sola excepción de los mitimaes neutralizados, los mitmaqs seguían conservando con su etnia original sus vínculos de parentesco y reciprocidad.


Cuando el Estado Incaico alcanzó su gran expansión territorial, el sistema de mitimaes, adoptado por los Incas de las sociedades altiplánicas o de Wari como sotiene Rostworowski, tuvo que adecuarse a las nuevas necesidades políticas y económicas del Imperio. Los desplazamientos poblacionales se hicieron tan “masivos” y “largos”(miles de kilómetros),  afirmándose que ninguna política Imperial afectó tanto la demografía y los conjuntos étnicos andinos como el sistema de mitmaqs dado que unos 2’500,000 de pobladores aproximadamente, es decir la cuarta parte de la población del Tahuantinsuyo había sido transplantada o reasentada en otras regiones. El parentesco y la reciprocidad tan vitales  entre los mitimaes y su etnia y en los orígenes del sistema mismo, sino prescribieron en principio, se debilitaron considerablemente por el tiempo y la distancia. El Estado Imperial vió a los mitimaes como una fuerza de trabajo a gran escala para realizar obras estatales de gran envergadura, es decir el sistema se había modernizado tanto que los mitimaes ya no eran sólo esos grupos familiares destinados a producir o extraer recursos en diversos nichos ecológicos sino que también podían intervenir en la construcción de puentes, caminos, enseñar el idioma, costumbres, quebrar resistencias en regiones enemigas, cuidar las fronteras, etc. Liliana Regalado dice que los mitimaes eran poblaciones transplantadas por largo tiempo fuera de sus áreas originarias en función de producir bienes y servicios destinados a la redistribución por parte del Estado Imperial. Cieza menciona que a los jefes étnicos de estirpe Inca,  que por lo general comandaban a los diversos grupos de mitimaes asentados en determinada región, se les otorgaba chacras y casas, recibían honores, dadivas, objetos de lujo y mujeres no tanto como aprecio y recompensa por su alejamiento de su núcleo geográfico como lo sostiene él, sino como parte de “la reciprocidad y redistribución señorial” verdaderos ejes de la economía y control político Imperial, que buscaba la obediencia y sometimiento de los jefes étnicos.
En el gobierno de los últimos Inkas, el sistema de mitimaes se había vuelto tan complejo que comprendía una serie de categorías muy diferentes entre si, siendo los principales:

*Mitimaes con fines quechuizadores: Eran los mitmaqs que difundían la cultura inca en todos sus aspectos como enseñar la lengua franca o runasimi, los usos, las costumbres, las técnicas agrícolas, etc. Del Busto dice que a la vez que procuraban la quechuización intensiva de la zona también actuaban de espías.
*Mitimaes con fines socio-económicos: Fueron los mitmaqs enviados a los lugares escasamente poblados, encargados de intensificar la producción agrícola como el caso de Cajamarca donde existía una Guaranca (1000 familias) de mitmaqs compuesta por gente Quechua, Cañari, Gumbo y Colla o para producir en tierras baldías como ocurrió en el valle de la Convención, cerca del Cusco a donde fue enviada gente de la cultura Chachapoyas. También existían mitmaqs dedicados a la extracción de minerales como aquellos que trabajaban en las ricas zonas auríferas (oro) de Carabaya, Larecaja y Chuquiyapu y las argentíferas (plata) de Porco.
*Mitimaes con fines militares: Fueron los mitmaqs enviados a las zonas fronterizas.Tenemos el caso de orejones cusqueños enviados a la zona de los Chupaychos de Huánuco, para defendery mantener en raya a los selváticos Panataguas o aquellos mitmaqs enviados también durante el gobierno de Túpac Inca Yupanqui a Cochabamba(Bolivia) para resguardar la frontera de las incursiones de los Chiriguanos.
*Mitimaes con fines políticos: Este tipo de mitmaqs constituían fundamentalmente un mensaje político a los señores étnicos buscando su reflexión en sus deseos de oponerse a su asimilación por parte del Imperio, pues en caso de ser derrotados militarmente: Se les quitaba sus tierras y se les enviaba a zonas pacificas y leales ya incanizadas. Es el caso de los Guarco(Cañete) que tras perder militarmente con los Incas, sus tierras fueron entregadas a mitmaqs chinchanos (tierras en la margen izquierda del río Cañete), mientras que los Coayllo enemigos de los Guarco se instalaron como mitimaes en buena parte de los campos de la margen derecha del río. Otro caso muy parecido sucedió con los Chimu que tras ser derrotados por los Incas, gran parte de su población fue enviada a diversos lugares del Tahuantinsuyo, como pescadores, plateros y hasta técnicos hidráulicos, pero como castigo a consecuencia de la actitud díscola de sus señores étnicos. A estos mitimaes se les conocía como “mitimaes de castigo” o “mitimaes neutralizados” pues el desarraigo de su grupo étnico implicaba la pérdida de derechos (reciprocidad, parentesco).
*Mitimaes con fines religiosos: Rostworowski y Vergara mencionan la existencia de mitmaqs con fines religiosos, cuyo número en algunos casos era bastante elevado. Se les creó con el propósito de servir de Camayocs en diversos santuarios como el de Copacabana en el altiplano, posiblemente estaban obligados también a cultivar las tierras pertenecientes a las huacas a quienes el Inka quería agradecer por algún servicio prestado, pues se sabe que el Inka solía recurrir bastante a los oráculos. No esta demás recordar que el mando de los mitimaes, en sus diversas categorías, siempre recaía en mitimaes pertenecientes a la élite cusqueña.


Dedicado a Mabel Alberca Chang

viernes, 10 de febrero de 2012

LOS RESTOS DE MIGUEL GRAU


“Humilla oh Chile! tu soberbia gloria
Ante la sombra del audaz marino,
Mil veces superior a tu victoria,
Mas grande que la muerte y el destino”.
(Fragmento del poema “A Grau” por Fernando Velarde).

Es a todas luces, Miguel Grau Seminario el héroe máximo de la Armada peruana y de la historia general del Perú. Hijo de la dama piurana Luisa Seminario del Castillo y del teniente coronel colombiano Juan Manuel Grau Berrio, quien llegó al Perú con las tropas del general venezolano Antonio José de la Santísima Trinidad Simón Bolívar Palacios. Nació nuestro héroe el 27 de julio de 1834 en la afable ciudad de Piura, en una casona de la calle Mercaderes (hoy Tacna 662), donde compartiría toda su infancia y gran parte de su niñez con sus hermanos Enrique Federico, María Dolores Ruperta y Ana Joaquina Gerónima del Rosario. Su adolescencia y su mocedad discurrió entre su ciudad natal y sobre todo la mar, aquella mar que tiempo después recogería en su vientre a su hijo predilecto.
El 26 de octubre de 1946, durante el gobierno de Bustamante y Rivero, Miguel Grau fue ascendido postumamente al grado de Almirante.



A los 9 años inicia su vida de marino como grumete en el buque mercante granadino “Tescua”, al mando del capitán Manuel Herrera, el cual naufragó en la isla colombiana de Gorgona. Recuperado del incidente Grau viajó por algo más de 10 años por diferentes partes del mundo (Macao, Hong Kong, las islas Marquesas y Sandwich, Shangai, Singapur, Londres, Burdeos, Baltimore, Boston, New York y Río de Janeiro) en barcos también diferentes. El 14 de marzo de 1854 como guardiamarina, inicia su carrera en la Armada Nacional desempeñando diversos cargos hasta ocupar el comando del “Huáscar” en febrero de 1867, durante el gobierno del presidente transitorio Pedro Diez Canseco. Al iniciarse la guerra contra Chile en 1879, tenía Miguel Grau el grado de Capitán de Navío Efectivo, encargándole el presidente Mariano Ignacio Prado la conducción de “la Escuadra Peruana”, pues según el historiador Fernando Romero  ”Se le sabía resuelto, de un valor ciego, profundamente conocedor de los buques, puertos y marinos, enemigos y propios. Era un hecho indiscutible que, además tenía habilidad, era enérgico y nunca perdía la calma”. Acostumbrado al comando del Huáscar, del cual sólo se desligó para cumplir sus labores parlamentarias como diputado civilista por Paita entre 1876 y 1878, se  negó a asumir la conducción de la Independencia que tecnológica y materialmente era la mejor embarcación que tenía el Perú, pues parafraseando bien podría decirse que “el Huáscar” era Miguel Grau envuelto en una coraza de hierro.
El 12 de abril de 1867 había contraído nupcias con la dama limeña Dolores Cabero Núñez de 23 años de edad, con la que tuvo 10 hijos (Enrique, Miguel Gregorio, Juan Manuel Pedro Blas Oscar, Ricardo Florencio, María Luisa, Carlos Pedro, Rafael Leopoldo, las mellizas Victoria y Elena, y Miguel). La familia Grau Cabero vivió en la calle Lescano 172,  cuyo inmueble restaurado se conoce hoy en día como la casa de Grau.
Ya en Iquique (21 de mayo de 1879), en el memorable combate donde perdería la vida el capitán de fragata chileno Arturo Prat Chacón, mostró Grau su admirable destreza pero sobre todo su gran sentido humanitario al arriar los botes del Huáscar para salvar a los náufragos de la corbeta chilena. En sus correrías (mayo-octubre), Miguel Grau apresó transportes, destruyó elementos de movilidad, capturó presas, rompió el cable de Antofagasta, atemorizó al enemigo pero, nunca bombardeó poblaciones civiles. El historiador chileno Manuel Bulnes decía que Grau sirvió al Perú, con valor, con destreza y con humanidad, imprimiendo a sus acciones una nota caballeresca. Los corresponsales de los grandes diarios neoyorquinos, ingleses y bonaerenses, propagaron sus hazañas y divulgaron su figura noble y viril. Grau conoció pasajeramente los halagos de la popularidad. Fue ídolo multitudinario en el Perú y en Bolivia y una figura de leyenda en el mundo entero, pero, se sabía humano, mortal, común, alcanzando a decir alguna vez: ”Si todos los héroes son como yo, declaro entonces que no existen héroes en el mundo”.
En Angamos el 8 de octubre de 1879, con el grado de Contralmirante, no hizo mas que cumplir con lo que él había profetizado”…si el Huáscar no regresa triunfante al Callao tampoco yo regresaré”. Se sabe que en dicho combate, al cual los mapochos nombran como “Mejillones”, una granada lanzada desde el blindado chileno Cochrane cayó en la torre de mando donde se encontraba Grau con su oficial de ordenes Diego Ferré, volando su cuerpo en pedazos. Romero dice que los dientes de Grau quedaron incrustados en la cubierta. Tras una hora  treinta y cinco minutos de combate, muertos y heridos ya todos los oficiales y bajo el comando del teniente primero Pedro Garezón, los chilenos abordaron el monitor. Al ingresar al camarote de Grau, vieron colgada la imagen de Santa Rosa de Lima a la que Grau solía rezar, estaba cubierta de sangre, podía verse en ella cinco perforaciones de bala.
¿Pero, qué sucedió con los restos del contralmirante Grau?
Como vimos anteriormente el último comandante que tuvo el Huáscar en el combate de Angamos fue el teniente primero Pedro Garezón. En un memorándum escrito por él, el 4 de setiembre de 1890, dice:  ”Después de abordado el “Huáscar” por embarcaciones al mando de tenientes del Cochrane y del Blanco Encalada, yo me negué a ser conducido prisionero con los únicos tres oficiales de Guerra de la dotación que quedaron conmigo en combate: Tenientes segundos SS. Canseco y Santillana y alférez Herrera. La razón fue por no haber encontrado hasta esos momentos (11 h. 50 m. a.m.) los restos del Contralmirante Grau, y haber sido yo el último en quien había recaído el mando del buque”. Al permitirle el teniente chileno Simpson, que era el jefe de los que abordaron el “Huáscar” de que podía continuar a bordo buscando el cuerpo de Grau, Garezón permaneció en el entrada la tarde, hasta que encontró el cuerpo intacto del teniente primero Diego Ferré y finalmente rebuscando entre los escombros encontró los restos del Contralmirante Grau. “Confundido con las astillas de madera y pedazos de fierro, que ahí existían, al lado de estribor y como a la altura de un metro, un trozo de pierna blanca y velluda, solo desde la mitad de la pantorrilla al pie, el que estaba calzado con botín de cuero;(…)por la situación de ellos conocí que era la pierna derecha; esto fue todo lo que encontré de 4 a 5 de la tarde”.(teniente primero Pedro Garezón).La pierna derecha de Grau fue envuelta en un pabellón de bote y colocada por los chilenos dentro de un aparato con alcohol a bordo del “Blanco Encalada” y finalmente puesta en una cajita que llevaba como distintivo una cruz de madera con letras negras. Pedro Garezón sostiene que él tenía la plena seguridad que esos restos eran del Contralmirante Grau, por  que él había servido cinco años con Grau y lo conocía bastante y porque en la torre del comandante no estaban mas personas que él y su ayudante Diego Ferré y dado que el cuerpo de Ferré se encontró íntegro, lo que él encontró tenía que ser los restos del Contralmirante Grau.
La pierna derecha de Grau y una parte de su cráneo (mandíbula) hallada por los chilenos fueron enterrados inicialmente en Antofagasta, siendo trasladados posteriormente al mausoleo de la familia Viel en Santiago de Chile, por haberlo pedido así el Contralmirante chileno Oscar Viel y Toro, compadre y concuñado de Grau, mediante una solicitud a su gobierno. Posteriormente otro compadre, el ministro peruano Carlos Elías gestionó en Chile el traslado de los restos en una “urna” al Perú, hecho acontecido el 15 de julio de 1890 durante el gobierno de Andrés A. Cáceres, los que serían enterrados inicialmente en el mausoleo del Mariscal Ramón Castilla en el cementerio Presbítero Maestro, permaneciendo en el hasta el 8 de setiembre 1908 en que habiéndose construido “la Cripta de los Héroes”, fueron trasladados allí en solemne ceremonia. El 21 de marzo de 1958, el presidente Manuel Prado Ugarteche, acompañado de su gabinete ministerial y altas personalidades, entre las que se hallaban María Luisa Grau, hija del héroe, y el sobreviviente de Angamos el alférez de fragata Manuel Elías Bonnemaison, recibió del gobierno chileno las reliquias de Grau, “un trozo de tibia”, un escapulario y un detente, una cinta de seda, un juego de charreteras de su uniforme de marino y un libro en inglés titulado ”North Atlantic”, testimonio de su afán por el perfeccionamiento náutico. Esta tibia de nuestro héroe  descansa hoy en la “Escuela Naval del Callao”, mientras sus otros restos al que historiamos anteriormente yacen en “la Cripta de los Héroes” en el cementerio Presbítero Maestro.
 Restos del Contralmirante Miguel Grau Seminario al llegar a la ciudad de Lima en  1890.
Dedicado a mi amigo Christian A. Muñoz Cabrera


domingo, 29 de enero de 2012

ASESINATO DE FRANCISCO PIZARRO


“Viva el Rey, muera el tirano”(grito de los almagristas al ingresar a la mansión gubernamental de Pizarro)


Otro tema controversial en la historia del Perú, es el concerniente a la forma en  que expiró el conquistador español Francisco Pizarro Gonzales, hijo del hidalgo extremeño Gonzalo Pizarro y Rodríguez de Aguilar y la villana o campesina Francisca Gonzales motejada como "la Ropera", quien fue asesinado en 1541 por un grupo de almagristas, enemistados con Pizarro tras la ejecución de su líder Almagro "el Viejo" en la ciudad del Cusco el 8 de julio de 1538. Después  del asesinato estos almagristas llevarían al poder al  ahijado de Pizarro, el mestizo Diego de Almagro “el Mozo”, hijo de Diego Montenegro Gutiérrez (verdadero nombre de Diego de Almagro, ”el Viejo”) y la india panameña Ana Martínez.

Se sabe que Francisco Pizarro tenía por costumbre escuchar misa mayor en la Catedral todos los domingos, pero, el domingo 26 de junio de 1541,escuchó la misa en su casa, tal vez como medida de precaución por los rumores que hablaban de una conjura para asesinarlo o como dice el historiador Del Busto porque se encontraba resfriado. Ese día aproximadamente a las 12 del mediodía, cerca de una docena de almagristas comandados por Juan de Rada o Herrada y motejados burlonamente como “los Caballeros de la Capa” (porque según las cronicas, "la capa" era un símbolo de linaje pero tanta era la situación de miseria en que vivían que su turnaban la única capa que tenían para salir a la calle) abandonaron la casa de Pedro de San Millán ubicada en “el Callejón de los Clérigos”(hoy en día 3ra cuadra del jirón Carabaya) y dirigiéndose primero a la Catedral  y despues a la mansión gubernamental de Pizarro (actual Palacio de Gobierno) le dieron muerte en su recámara. Los nombres de estos almagristas serían: Juan de Rada, Pedro de San Millán, Cristóbal de Sotelo, García de Alvarado, Francisco de Chaves, Martín de Bilbao, Diego Méndez, Juan Rodríguez Barragán, Gómez Pérez, Diego de Hoces, Martín Carrillo, Jerónimo de Almagro, Diego de Narváez y Juan Tello.
Junto a Pizarro murieron sus pajes Tordoya,  Vargas y su hermano uterino Francisco Martin de Alcántara, mientras la veintena de  comensales que lo acompañaban, entre ellos el secretario de Pizarro llamado Antonio Picado y quien se dice puso el apelativo despéctivo de” Caballeros de la Capa” a los futuros asesinos, huyeron o se escondieron en distintos lugares de la mansión.
En base a las crónicas, cartas , testimonios y el minucioso proceso judicial que se abrió en Lima contra los asesinos almagristas en 1543, tras la batalla de Chupas donde los seguidores del gobernador rebelde, Almagro” el Mozo” fueron derrotados por las tropas del licenciado y gobernador Cristóbal Vaca de Castro, podemos afirmar que los  asesinos de Pizarro no solo tenían espadas, llevaban además armas como: ballestas, lanzas, cuchillas, partesanas, alabardas, puñales y que Pizarro antes de caer al piso tenía producto de la lucha contra sus agresores una serie de heridas en el cuerpo, siendo una de las más graves la estocada en la garganta, ocasionada por la espada de Martin de Bilbao. El estudio radiológico del cadáver de Pizarro llevado a cabo por la Dra Ladis Delpino  de Soto, profesora de la Universidad Cayetano Heredia, publicado por la revista peruana de Radiologia (vol. 3, num. 9) revela que el cuerpo y la cabeza de Pizarro, descubiertos accidentalmente en una cripta de la Catedral en el año 1977  y que desde 1985 descansan en la capilla de la Catedral,  presentan 16 heridas punzo cortantes producidas por sus atacantes, además de otras lesiones cicatrizadas que revelan aspectos inéditos de su agitada y azarosa existencia. A esta misma conclusión llega el arqueólogo forense sanmarquino Edwin Raúl Greenwich que durante año y medio dirigió a un grupo de especialistas en el estudio de los restos de Pizarro afirmando la existencia de lesiones de tipo cortante-penetrante y cortante- contundente, en el cráneo, vertebras cervicales, dorsales y primera lumbar.
Restos óseos de Francisco Pizarro analizados por el arqueólogo forense E. Raul Greenwich en presencia del señor Hernando Orellana Pizarro, descendiente de Francisco Pizarro  y, su señora esposa Antonia Saénz.

Aunque algunos cronistas como Gonzales Fernandez de Oviedo, Gerónimo Benzoni o  Pedro Cieza de Leon afirman que Pizarro murió de una estocada en la garganta. "El Cronista Mayor de las Indias", Antonio de Herrera al igual que los dos más grandes biógrafos peruanos de Francisco Pizarro como son Raúl Porras Barrenechea y José Antonio del Busto,coinciden en afirmar en base al análisis de numerosas fuentes y datos de primera mano que Pizarro fue ultimado con una alcarraza llena de agua que le diera en el rostro el almagrista Juan Rodriguez de Barragan, aunque las diferencias surgen en los acontecimientos previos de su último aliento.
Según  Porras Barrenechea:”Al escuchar el alerta del paje, el Marqués don Francisco Pizarro acompañado de sus fieles pajes y su hermano materno Francisco Martín de Alcántara el único de sus hermanos que estuvo entonces a su lado, el último en los beneficios y el único en el sacrificio, entró en su recámaraAllí se despojó de una larga ropa de grana que llegaba hasta los pies, se puso la coraza y salió con una partesana en la mano,que le daba un aire quijotesco .Llevaba al cinto su vieja espada de la conquista[…] ”Veni aca vos, mi buena espada, compañera de mis trabajos”-Y salio con ella a batirse con su denuedo indesmayable. “-Que desvergüenza tan grande ha sido esta de entrar en mi casa para me querer matar” -En la puerta de la cámara se batían desesperadamente Francisco Martín y los pajes. Pizarro acudió al combate gritando:” -A ellos, hermano, !mueran! que traidores son” -Pero ya los bravos muchachos habían caído en el centro de la sala y don Gómez de Luna, Vergara y Ortiz de Zárate estaban heridos. Francisco Martín, el pobre y noble villano, era el único que defendía la puerta. Pizarro acudió a él   en momentos en que se caía  y se puso a defender la entrada con brío juvenil  llamándoles de traidores y de felones y resistiendo solo a todo el grupo de asaltantes. Estos empujaron entonces, para que lo atravesase, a Diego de Narváez y aprovechando ese instante Martín de Bilbao le dió una estocada por la garganta. Y luego se echaron todos sobre él y le dieron de puñaladas y de estocadas hasta que cayó al suelo clamando: “Confesión ” En el desamparo de ese momento, sólo unas mujeres que vivían en la casa de Pizarro y eran trujillanas, las Cermeñas, se atrevieron a asomar a la estancia de la tragedia y vieron, aterrorizadas cómo el viejo conquistador,rendido ya en el suelo y expirante,hizo una cruz con los dedos y la beso con profunda devoción.
“_ ¡Confesión! “
Volvio a clamar en voz apagada el Marqués y entonces Juan Rodríguez Barragán, antiguo criado suyo y hombre de viles pasiones, tomó una alcarraza llena de agua y se la quebrantó en la cabeza, diciéndole:
“_ Al infierno, Al infierno os yréis a confesar”.
Resulta increíble saber, que durante muchos años se mostró en la Catedral de Lima los restos de una momia falsa como si fueran los restos de Pizarro hasta que en 1977 un grupo de obreros que hacían remodelaciones en los mausoleos en la cripta bajo el altar mayor de la Catedral descubrieron los verdaderos restos de Pizarro en una caja de plomo.

José Antonio del Busto en su obra,”Pizarro el Marqués Gobernador” dice: “Se hizo un anillo de atacantes en torno al gobernador…cuando se volvió a abrir para contemplar su obra, el Marqués estaba lleno de heridas y apoyado en el suelo; la mayor de ellas la había causado una estocada en la garganta.Pizarro caído sobre el brazo izquierdo, tenía el codo lastimado…trató de levantarse para seguir luchando.El Marqués todavía consciente, se desplomó sobre el piso ensangrentado. Sintiendo las ansias de la muerte, se llevó la  mano diestra a la garganta,mojando sus dedos en la sangre hizo la cruz con ellos, luego balbuceó el nombre de Cristo e inclinó la cabeza para darle un beso a la cruz…Entonces uno de los de  Chile quiso ultimarlo y tomando un cántaro de Guadalajara, se lo quebró en el rostro. El Marqués se desplomó pesadamente quedando quieto en el suelo”.  


Los testimonios dicen que una hora despues, Lorenzo Hernández de Trujillo y una mujer llamada la Cermeña acomodaron el cadáver en su cama, interrumpiendo en la habitación Martin Carrillo con varios almagristas con la intención de llevarlo hasta la plaza para exhibirlo en una picota, pero los ruegos del Obispo de Quito,Garcí-Díaz y otras personas influyentes impidieron que el cadáver se sacara de la casa. Entonces un antiguo soldado pizarrista llamado Juan de Barbarán subió el cuerpo por la escalera y lo devolvió a la cama, le puso el hábito de Santiago, le cruzó los hombros con un tahalí o tira de cuero y le puso en el pecho un bracamarte que no era otra cosa que una espada de un solo filo y curvada en la parte superior cerca de la punta. Luego le calzó una espuela de acicate; la otra se la puso su deudo Martin Pizarro. Dicen que María Lezcano mujer de Barbarán, se encargó de organizar el entierro.Toda aquella tarde el cadáver fue velado en secreto y , por la noche, aprovechando las tinieblas, descolgado en una manta, fue llevado a la huerta para enterrar.Junto a la Catedral, en el muro de la nave del evangelio y en un lugar que luego se llamó el Patio de los Naranjos,estaba ya abierta la fosa. Martin Pizarro, Barbarán y Baltasar de Torreglosa llevaron hasta a ella a los indios  y negros que portaban el cadáver. Se le depositó en el fondo del hoyo siempre con el Bracamarte entre las manos y se echaron unas paladas de cal; finalmente se decidió terminar de cubrir la sepultura con tierra del mismo suelo.


De los hechos queda claro que la estocada en la yugular no fue causa inmediata de la  muerte de Francisco Pizarro, siendo dicho corte una de las tantas heridas graves que le ocasionaron sus asesinos al momento de ingresar a su recámara y que su muerte se produjo por la jarra llena de agua que le reventara en el rostro el almagrista Juan Rodríguez de Barragán.
El monumento de Francisco Pizarro realizado por el escultor norteamericano  Charles Cary Rumsey pero regalado al Perú por su viuda, esta lleno de curiosidades históricas.Fue inaugurada en Lima el 18 de enero de 1935 durante el gobierno del alcalde Luis Gallo Porras colocándose originalmente en el atrio de la Catedral (véase en la foto de 1938), pero debido a las quejas de la arquidiócesis de Lima, movida en 1952 a un costado del Palacio de Gobierno, en el cruce del jirón de la Unión con el jirón Conde de Superunda. En el año 2004, el alcalde Castañeda Lossio ordenó su traslado al Parque de la Muralla sin el pedestal con que fue inaugurado, colocándose la estatua sobre una base de concreto.

Dedicado a Jackeline Quintana López

lunes, 23 de enero de 2012

¿CÓMO MURIÓ ALFONSO UGARTE?

¨No podemos abandonar Arica porque es un puerto artillado y tiene elementos y posiciones de defensa.Tenemos pues que cumplir con el deber del honor, defendiendo esta plaza hasta que nos la arranquen a la fuerza. Ese es nuestro deber y así lo exige el honor nacional. Estamos pues esperando ser atacados por mar y tierra. Estamos resueltos a resistir con toda seguridad de ser vencidos , pero es preciso cumplir con el honor y el deber¨

(Carta enviada  a su primo por parte del coronel Alfonso Ugarte el 1ro de junio de 1880).


Juan Alfonso Ugarte Vernal nació el 13 de julio de 1847 en Iquique, puerto principal del territorio salitrero de Tarapaca. Sus padres fueron Narciso Ugarte y Rosa Vernal y Carpio. Tuvo cuatro hermanos: Isabel, Narciso y Fernando Ugarte y, Luisa Hilliger fruto del segundo compromiso de su madre. Educado en colegios mercantiles de Valparaíso (Chile) y Europa (1861-1867), obtuvo el título de contador y era dueño de una cuantiosa fortuna proveniente de empresas dedicadas a la extracción de salitre, alquiler de bienes raíces de su propiedad, así como de la inversión de dinero en bonos. Iba a marchar a Europa en viaje de negocios de la firma Ugarte, Zeballos y Compañía, que él había fundado, cuando se enteró de aquella noticia de que Chile declaraba la guerra al Perú el 5 de abril de 1879.
Humilde y afectuoso rechazó la ayuda y seguridad prestada por sus amigos chilenos de negocios para salvar su fortuna, su familia y su persona,decidiendo en tan difícil situación quedarse en el Perú e invertir su fortuna personal en favor de la defensa del país.En Iquique,  Ugarte organizó un batallón integrado por obreros y artesanos, conocido como batallón de Iquique Nro 1, además  donó 10,000 soles para los gastos de la guerra, imponiéndose el compromiso de dar 1,000 soles mensuales para el mantenimiento de la tropa del sur.
Comandando el batallón Iquique el cual estaba conformado por 429 soldados y 36 oficiales ,el ahora coronel Alfonso Ugarte participó en las batallas de San Francisco (19 de nov. de 1879) y Tarapaca (27 de nov. de 1879). En esta última recibió una herida en la parte superior del cráneo, negándose a ser conducido a Arequipa para su curación.Tampoco quiso retirarse de la guerra a pesar de haber contraído el paludismo y replegándose junto con el ejército del sur que comandaba el general Juan Buendia hizo la penosa marcha desde Tarapaca hasta Arica. Reorganizado el ejército, fue nombrado Comandante en Jefe de la Octava división , al mando de la cual  encontraría la muerte el 7 de junio de 1880 en la batalla de Arica.
Retrato del coronel Alfonso Ugarte Vernal quien en su testamento le dejó  15 mil soles a su prima Timotea Vernal  como resarcimiento económico por haberle ofrecido matrimonio y no efectuarlo por la situación de guerra que vivía el Perú

¿Pero, como murió Alfonso Ugarte?
Lamentablemente la historia tradicional apoyada en trascendidos y rumores y no en versiones oficiales o partes de guerra presentó y popularizó aquella imágen de  Alfonso Ugarte montado en un caballo blanco que al verse rodeado por el enemigo se lanzó desde el lado derecho del morro de Arica al mar, defendiendo el honor de la bandera nacional. Asi un artículo del diario limeño "La Patria" del 21 de mayo de 1880 decía: "El último acto de la corta pero interesante carrera de Alfonso Ugarte revela cuanto era capaz esa alma verdaderamente grande .Acosado por innumerables enemigos , vencido ya en la cumbre del morro histórico, presenciando la mutilación de los caídos, la profanación de esas reliquias sagradas del heroísmo quiso sustraerse a las manos enemigas y clavando las espuelas en los ijares de su caballo, se lanzó al espacio desde aquella inmensa altura para caer despedazado sobre las rocas de la orilla del mar". El mismiso Basadre tomó como verdadera dicha información. Markham siguiendo la misma línea dice:"Ugarte murió precipitándose desde el morro". Otros historiadores como Rubén Vargas Ugarte o Eudoxio. H. Ortega repitieron esta misma historia que sin ningún sustento ya era muy popular a principios del siglo XX entre la población de Tacna y Arica.La versión por demás fantástica  y nacionalista caló rapidamente en la memoria de los peruanos, siendo repetida hasta la saciedad como una verdad histórica, sin embargo la realidad de los hechos fue totalmente distinta. El diplomático peruano Juan del Campo Rodríguez en sus "Batallas legendarias del Perú y del Mundo" sostiene:"La leyenda romántica y patriotera presenta falsamente al coronel Alfonso Ugarte Vernal arrojándose bandera en mano,sobre un blanco caballo desde la cima del morro hacia el mar.Todo indica sin embargo que el coronel Ugarte murió cerca de Bolognesi, casi al final de la batalla, en la cima del morro, cuando las fuerzas peruanas sobrevivientes fueron superadas tras una violenta lucha...". En el parte de guerra del capitán de fragata peruano Manuel Ignacio Espinoza Comploda,segundo jefe de las baterias del morro,redactado el mismo día de la batalla y que no fue tomado en cuenta por los historiadores antes mencionados se lee:"mientras tanto la tropa que tenia su rifle en estado de servicio seguía haciendo fuego, hasta que los enemigos invadieron el recinto haciendo descargas sobre los pocos que quedabamos allí;en esta situacion llegaron a la bateria el señor coronel D. Francisco Bolognesi, jefe de la Plaza,coronel  D. Alfonso Ugarte...y otros que no recuerdo;y como  era inútil toda resistencia, ordenó el señor Comandante General que se suspendieran los fuegos lo que no pudiendo conseguirse a viva voz, el señor coronel Ugarte fue personalmente a ordenarlo a los que disparaban situados al otro lado del cuartel , en donde dicho jefe fue muerto...".
Retrato del coronel Bolognesi y otros valerosos oficiales que entregaron  su vida en  la plaza  fuerte de Arica. Alfonso Ugarte aparece debajo del reloj.

El historiador chileno Nicanor Molinare en su obra "Asalto y toma de Arica"  basándose en el testimonio del oficial chileno Ricardo Silva Arraigada afirmaba:"Mas tarde pude ver los cadáveres de Bolognesi, Moore y Ugarte.Todos decían que después de haberse rendido vulgarmente la tropa los habían ultimado a culatazos, porque con felonía, estando rendida la plaza le dieron fuego a los cañones, reventándolos. El cadáver de Alfonso Ugarte se encontraba en una casucha ubicada cerca del mastil, al lado del mar, mirando hacia el pueblo; en ese lugar las rabonas del morro cocinaban el rancho;y ahi; esas pobres mujeres tenían oculto el cadáver de Alfonso Ugarte; era un hombre chico, moreno,el rostro picado de viruelas, los dientes muy orificados, de bigote negro. Aquellas mujeres tenían profundo cariño por Ugarte y para guardar su cadáver, lo habían vestido con un uniforme quitado a un muerto chileno.Pude saber que era el coronel Ugarte, porque el doctor boliviano Quint cuando lo vió, exclamó:!Pobre coronel Ugarte; no hace mucho lo he visto vivo!...". Queda claro entonces,en base a testimonios y documentos oficiales como el parte de guerra del capitán de fragata peruano M.I. Espinoza que el coronel Ugarte murió peleando en el Morro de Arica.

Pero, si el coronel Ugarte murió en la cima del morro porqué su cadáver apareció al pie del morro. Según el historiador chileno Vicuña Mackenna, quien solía recibir informes de primera mano de los jefes y oficiales chilenos, el cadáver de Alfonso Ugarte fue arrojado por manos chilenas a las cavernas del mar. Nicanor Molinare dice que terminada la batalla¨...se dio la orden de arrojar al mar todos los cadáveres;sin duda que botaron también el de Alfonso Ugarte...¨, el mismo Molinare sostiene que ¨durante mucho tiempo, el mar estuvo arrojando restos humanos a la playa...¨. Enterada Doña Rosa Vernal de la muerte de su hijo, ofreció mil pesos de recompensa al que encontrase el cadáver, el chileno  Alfredo Lagos Zuñiga  dice:"... se presentaron 12 cuerpos que tenian alguna semejanza con el coronel, hasta que el dia 14 de junio se encuentran en los roquerios de los pies  del morro los restos del malogrado coronel...". De  Alfonso Ugarte sólo se encontró un costado del cuerpo, unica parte hallada al pie del morro y que fue reconocido por un calcetin que llevaba puesto con sus iniciales. En la partida de defunción  del coronel Alfonso Ugarte firmada por el R.P. Diego Chavez el 15 de junio de 1880 se lee:"Yo el cura propio y Vicario de esta ciudad de S. Marcos de Arica,sepulte de Cruz Alta en el panteón de esta el cuerpo Mayor del Coronel Alfonso Ugarte, que fue encontrado al pie del Morro, y de allí se depositó en su respectivo nicho, hijo legítimo de don Narciso Ugarte y de doña Rosa Vernal; y para que conste, lo firmo.-José Diego Chávez".
Fotografía chilena tras la toma del morro de Arica.

Durante el gobierno del general Andrés Avelino Cáceres y por decreto del 3 de junio de 1890 se dispuso la repatriación de los restos de aquellos combatientes que habían sucumbido en Angamos, San Francisco, Tarapaca; Alto de la Alianza, Arica y Huamachuco (este último en la sierra norte del Perú). Los restos de Ugarte transportados desde Arica al Callao llegaron el domingo 13 de julio de 1890, siendo el 15 conducidos a la ciudad de Lima en medio de un gran fervor patriótico. Entre los presentes se encontraban ilustres tarapaqueños como el coronel Remigio Morales Bermudez; el presidente de la República y héroe de la Breña, general Andrés A. Cáceres y los sobrinos de Ugarte: Alfonso y Antonio Vernal; y también la señora Teresa R. de Vernal. El ataúd conteniendo los restos del coronel Ugarte fueron enterrados primero en el mausoleo del mariscal Castilla y tiempo después en el mausoleo que la madre del héroe ordenó construir. Hoy en día los restos de Ugarte descansan en el tercer nivel de un sarcófago en la Cripta de los Héroes, en el cementerio Presbitero Maestro. Para aquellos que dicen que la madre del coronel Ugarte se negó a reconocer dichos restos, no esta por demás decir que la madre de Alfonso Ugarte,doña Rosa Vernal reconoció dicho cadáver como el cadáver de su hijo pues en la cláusula cuadragésimo segundo de su testamento dice: "Dejo encomendado a la discresion y religiosidad de mis hijas Isabel Ugarte y Luisa Hilliger lo relativo al entierro de mi cadaver, el funeral y píos sufragios para el eterno descanso de mi alma, previniéndoles , empero, que se celebre todo con sencillez y modestia. Además ordeno que cuando sea oportuno, mi esposo o mis herederos hagan conducir con todo decoro y respeto mis restos mortales a Lima ( la madre de Ugarte murió en la localidad de Lonres, Francia, el 30 de agosto de 1903) para que sean depositados y descansen siempre en mi suelo patrio y al lado de mi hijo Alfonso en su mausoleo". Para desvirtuar toda duda de que los restos que descansan en la Cripta de los Héroes no sean de Alfonso Ugarte y sea este un simple cenotafio o tumba vacía, en el año 1979 Gerardo Arosemena Garland por entonces presidente del Centro de Altos Estudios Militares recibió la autorización para abrir la tumba de Ugarte encontrando algunos restos envueltos en una descolorida bandera peruana.

Finalmente podemos señalar que por lo general se considera héroe a aquella persona común y corriente (Alfonso Ugarte no era un militar profesional sino un civil) que realiza acciones extraordinarias en circunstancias también extraordinarias.El heroísmo de Alfonso Ugarte no surge fortuitamente de los hechos que se forjan en el morro de Arica, el heroísmo de Ugarte es en realidad la culminacion natural y lógica de una vida que siempre estuvo al servicio del Perú,desde que se inició la guerra contra los chilenos hasta su muerte,de ahí el hecho de saber que él no se lanzó abrazado del pabellón nacional con su caballo desde el morro de Arica no le quita para nada la categoría de héroe peruano, pues entregó su vida defendiendo la patria y el honor nacional.

Dedicado a Diana Carolina Orihuela de la Calle